“Corrida de Toros” donde no se mata al animal. Celebración religiosa que se realiza los 15 de agosto en Jujuy, Argentina. Casabindo (en quechua significaría: “hondura helada”) y es un pueblito con pocas decenas de habitantes, aunque para la fiesta en honor a la virgen de Asunción, patrona del lugar, se dan cita todos los años miles de turistas a 3.400 ó 3.900 metros de altura; consiste en misas, cantos, bailes, comidas regionales, fogones, muerte de cabritos, uso de adornos con plumas de ñandú (prohibidas por la ley nacional N° 22.421 de Conservación de la Fauna ) y una parodia de “corrida de toros” (acto violatorio de la ley nacional N° 14.346 de Actos de Crueldad contra los Animales) con fuertes repiqueteos de campanas y bombas de estruendo, iniciándose así el “toreo de la vincha”, es decir, la vincha roja que antes tenía la virgen es colocada en un pitón del toro y los participantes provistos con algunas capas rojas deben tratar de sacar con destreza y rapidez de los cuernos ese adorno que lleva monedas de plata bordadas, corriendo riesgo de ser embestidos por el nervioso y asustado animal. El acto, calificado de emocionante por la habilidad de los devenidos toreros, es una fiesta homenaje muy antigua, mezcla de religión católica y creencias indígenas, lo que analizado fríamente no tendría razón de continuar porque se acosa a un inocente animal en espectáculo público en nombre de la “cultura” y las “tradiciones” de Jujuy. Respeto las creencias ajenas y las costumbres aborígenes, pero el uso de animales para circo en el siglo XXI -sea por lo que fuere-, no lo veo correcto. Argentina vive atrasada en el tiempo, mantiene deformadas tradiciones y cultos muy primitivos e irracionales, entonces seguramente mi opinión caerá en saco roto. CARLOS ESTRADA *escritor, periodista de investigación y proteccionista independiente, dedicado a asuntos de campo, entendido en comportamiento y derecho internacional animal, hijo de hogar patricio directamente emparentado con próceres nacionales, caciques indios y caudillos. Buenos Aires, Argentina, 15 de agosto de 2011. Nota: no es asunto de caballos, pero es señal que los espectáculos públicos comerciales donde son acosados los animales (aquí con bombas de estruendo, etc.) van en aumento en Argentina gracias a intendentes y autoridades políticas insensibles. |