EL REFORMADO
Aquel pelo zaino “oscuro”;
color de la noche pampa
poco a poco perdió el brillo,
como candil que se apaga.
Antes, tenía una estrella,
en la frente dibujada,
pero el tiempo y el bozal,
se encargaron de borrarla.
¡Los años son buena yesca,
para quemar esperanzas!.
Bichoco en las cuatro patas
con la cabeza muy gacha,
casi ciego, cabestreando,
hizo su última pasada.
La marca sobre la grupa
chamuscándole hasta el alma,
no le dolió como el sello,
sobre su ficha manchada.
¡Ni los fierros duelen tanto,
como duelen las palabras!
En sórdido matadero,
de esos que no pagan nada
filosofa el “Reformado”
en su postrer madrugada.
No queriendo ver los hombres,
su vieja vista consuela,
mira la vida hacia adentro,
donde veinte años se acaban.
¡Y ve galopar un potro,
color de la noche pampa!.
Aturdido por el golpe,
brutal que le dio la masa,
quiere poder levantarse ...
Pero ya no puede nada
Y al presentir que la vida