Observado por un especialista en equinos, quien vió el castigo que le aplicaban a este animal, procedió a llamar a la policía y hacer detener el carro y caballo. Iba conducido por menores quienes castigaban al caballo. Al detenerlo personal policial, observó lesiones, cicatrices en la piel, deshidratación, y mayormente problemas en sus cascos y malos herrajes, y cojera al observar su marcha.